El
Camino Santiago por Rioja Alta cuenta con larga tradición
jacobea, al menos desde el siglo XIII y sobre todo a partir
del XVI, al tratarse de la continuación natural del
llamado Camino Vasco del Interior que, a efectos administrativos,
termina en Salinillas de Buradón, última etapa
del Camino Alavés, pasa seguir por Briñas-Haro-Zarratón-Madrid
de los Trillos-Bañares-Santo Domingo de la Calzada,
donde se une al conocido Camino Francés (Roncesvalles-Santiago).
El trazado definitivo del Camino oficial o Camino Francés se ha ido
fijando en momentos históricos muy concretos por exclusivas decisiones
políticas y siempre con fundamentos socio-económicos, como medio
para conseguir el desarrollo de las comunicaciones y el comercio de los territorios
afectados. Ante esta situación de hecho, los primeros peregrinos modifican
su andadura y sobre todo el espíritu que les anima desde antes del siglo
XI; del peregrino medieval que se mueve para lograr la inmovilidad espiritual,
deviene el viaje como purificación interior e individual en la soledad
del camino hasta el siguiente lugar de venerada piedad, inundado ahora por
mercaderes y soldados, a partir del siglo XIII, para transmutarse en caminantes
secularizados ávidos de curiosidad y beneficios en los intercambios
de la ruta, según García de Cortázar: «La sociedad
pasa, sobre todo, desde el siglo XV, de valorar el camino a valorar la meta
alcanzada. Y en el menor tiempo posible. Una nueva concepción del tiempo
y del espacio se va abriendo paso con los afanes renacentistas. Con ellos parece
haber muerto para siempre el entusiasta caminante de los siglos X al XIII.
Sólo “parece”; hoy observamos un reavivamiento de su figura».
La primera parte recoge el trabajo de investigación histórica
para demostrar la realidad del Camino de Rioja Alta a partir de dos documentos
irrebatibles, como son el Itinerario de Senlis y la colección de las
cinco versiones de la Gran Canción de los Peregrinos de Santiago, ambos
se encuentran localizados y descritos en detalle.
Para la segunda y tercera parte se ha procedido con otra sistemática
porque, por principio, se estimaba necesario conocer el terreno, señalización
y características jacobeas concretas de las poblaciones del recorrido
y, por consiguiente, aquí no valían apoyos bibliográficos,
en este sentido, se procede con la metodología siguiente:
1.
Grupo de trabajo: se organiza la marcha Briñas-Santo
Domingo el día 31/01/04, integrada por Ángel
Martínez, federado y del Club de Montaña Bilibio
de Haro, José Luis Sabando y Berta Ularri, del Club
de Montaña Serpa de Logroño, y Luz Ariza y este
informador, federados y del Club de Montaña del CSIC
de Madrid.
2.
Trabajo de campo: durante la marcha se recogen distancias
recorridas como media de
dos podómetros, tiempos de
marcha y parada, y, por medio de grabadora, paisaje, señalización,
condiciones del día y conversaciones con vecinos de
las localidades.
3.
Resultados:
el abundante y heterogéneo
material conseguido con el trabajo de campo se resume y organiza
la
segunda y tercera parte del libro.